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XVI DOMINGO (A)
19 de Julio de 2026
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Sabiduría
12: 13, 16-19;
Salmo 86;
Romanos 8: 26-27;
Mateo 13: 24-30
1. -- P. Carmen Mele OP <cmeleop@yahoo.com>
2. -- P. Jude Siciliano OP <FrJude@JudeOP.org>
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1.
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XVI DOMINGO ORDINARIO, 19 DE JULIO DE 2026
(Sabiduría 12:13.16-19; Romanos 8:26-27; Mateo 13:24-43)
Hace un año una tormenta hizo crecer las aguas del río Guadalupe en el medio de Texas casi quince metros en cuarenticinco minutos. La inundación se cobró la vida de 119 personas, entre ellas veinticinco niñas asistiendo en un campamento de verano a la orilla del río. Ahora entre demandas y acusaciones de descuido, sin dudas los parientes de las víctimas preguntan: “¿Por qué Dios permite tales desastres?” La primera lectura y el evangelio de la misa hoy intentan dar respuestas a esta interrogante, que a menudo se llama “el problema del mal”.
La primera lectura del Libro de la Sabiduría afirma la justicia de Dios. Dice que es justo porque tiene el poder. Puede recompensar o castigar a los hombres según sus hechos. El pasaje nos asegura que el malo no va a vencer al final. La justicia de Dios va a derrotarlo mientras recompensa al inocente al final de las cosas.
Sin embargo, el Libro de la Sabiduría no explica por qué Dios permite que el malo arruine las vidas de algunos hasta quitar la vida de niños. Iván Karamazov es personaje de una famosa novela rusa que es consumido por el problema del mal. Él dice memorablemente que mientras Dios no responde adecuadamente a por qué permite el mal a los inocentes, le devolverá su entrada al cielo. Es decir, como Dios permite que los niños sufran, no quiere tener nada que ver con Él, ni siquiera tomar un asiento en el cielo que su Bautismo le promete. Para algunos al decir que los inocentes están destinados al cielo y los malvados al infierno no justifica el dolor, a veces horrífico, en la vida actual.
En el evangelio Jesús utiliza una parábola para explicar el problema del mal. Dice que, al igual que no se puede cortar la cizaña de un campo sin dañar el trigo, tampoco se puede eliminar todo el mal sin perjudicar a algunas buenas personas. Pero al tiempo de la cosecha la diferencia entre la cizaña y el trigo se hará clara. Entonces se puede cortar y encender la cizaña primero para que solo el trigo sea recogido en el granjero.
Una vez más, solo al final será la justicia con los inocentes apremiados y los malvados castigado.
La fe tiene otra respuesta al problema del malo. Enfoca en la historia de Jesucristo. Después de hacer muchos actos de servicio, se entregó a sí mismo a las autoridades. Aunque era completamente inocente, sufrió el suplicio de la crucifixión. Murió como el peor de criminales, pero dentro de poco Dios lo resucitó de entre los muertos y lo colocó a su derecha para siempre. Ahora nos ofrece su trayectoria como respuesta definitiva a nuestra inquietud sobre el malo. Nos dice todo estará bien. Tenemos no solo una promesa sino también la historia de Jesús como comprobación.
Deberíamos admitir que no existe respuesta completamente satisfactoria al problema del mal. El malo es un misterio más allá que alcanza la mente humana. Sin embargo, queda la esperanza del gran ajuste al final de los tiempos cuando Jesús vendrá para juzgar a todos. Por su resurrección de entre los muertos Jesús nos dio una vislumbre del resultado para los inocentes.
Entretanto podemos hacer obras de misericordia. Estas obras servirán no solo para aliviar un poco la miseria de los dolientes sino también atestiguan a Jesús. Por tomar tiempo para consolar a los afligidos y ayudar a los débiles imitamos a nuestro Señor Jesucristo. Además, estaremos mostrando nuestra convicción de que él vendrá para corregir todas las injusticias de la historia.
P. Carmen Mele OP <cmeleop@yahoo.com>
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2.
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16.º DOMINGO (A)
19 de Julio de 2026
Sabiduría 12: 13, 16-19; Salmo 86; Romanos 8: 26-27; Mateo 13: 24-30
Por: Jude Siciliano , OP
Estimados predicadores:
A veces, ni siquiera los supuestos expertos y las personas que deberían saberlo mejor pueden predecir cómo van a resultar las cosas. Un experto que evaluaba a un posible entrenador de fútbol dijo de él: «Tiene conocimientos mínimos de fútbol. Le falta motivación». Se refería a Vince Lombardi, quien, aunque «carecía de motivación», fue el exitoso entrenador de fútbol citado por decir: «Ganar no lo es todo, es lo único». Dieciocho editoriales rechazaron un cuento sobre una gaviota escrito por Richard Bach. «Jonathan Livingston Sea Gull» finalmente se publicó en 1970. En cinco años, vendió más de siete millones de copias solo en Estados Unidos. Un profesor de música les dijo a los padres de Enrico Caruso que «no tenía voz en absoluto».
Tras la prueba de cámara de Fred Astaire, el director que lo evaluaba escribió: «No sabe actuar, es un poco calvo, baila un poco». Astaire mandó enmarcar la nota y la colgó sobre la chimenea. Ni siquiera los padres siempre pueden juzgar las habilidades de sus hijos. Louisa May Alcott, conocida por el clásico «Mujercitas», fue animada por sus padres a buscar trabajo como sirvienta o costurera. Como dicen, «¡Nunca se sabe!».
El padre de una amiga tiene una granja de 1200 acres. Reflexionando sobre la parábola de hoy, dijo: «Dejé la granja de mi familia cuando me fui a estudiar. En una visita reciente, al principio de la temporada de cultivo, observé los campos de trigo de mi padre, que apenas comenzaban a brotar, y me di cuenta de que no podía distinguir las malas hierbas del trigo. Cuando brotan, se ven idénticas... ¡hasta que maduran!». Eso es lo que advierte el dueño de la granja en la parábola: «No actúes con demasiada prisa. No saques conclusiones precipitadas. Nunca se sabe».
El verano es una época fantástica para el béisbol. A los aficionados nos encanta ver el partido por televisión o, mejor aún, ir al estadio y animar al equipo local. Si llegamos tarde, lo primero que preguntamos es: "¿Quién va ganando?". No preguntamos: "¿Quién va perdiendo?". Pero por mucho que nos guste el juego, si nuestro equipo pierde, lo superamos, la vida sigue. Sin embargo, solemos hacernos la misma pregunta sobre un tema más crucial: "¿Quién gana en el mundo, los buenos o los malos?". También queremos saber, a largo plazo, "¿Quién va a ganar?". Hoy en día, las cosas no parecen mejorar para los que están del lado del bien. El siglo XX fue el más brutal de la historia. ¿Recuerdan la película "La lista de Schindler"? Cuenta cómo Schindler salvó astutamente a unos miles de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. La película nos dio algo por lo que alegrarnos. Pero murieron seis millones de judíos, y muchísimos más. Y así sucesivamente. Entonces, ¿quién gana, los buenos o los malos? ¿Estamos en el bando perdedor?
Estamos hablando de cizaña, la cizaña que la parábola describe como sembrada entre el buen trigo por un enemigo durante la noche, mientras todos dormían. Y esta cizaña no solo está ahí fuera, en el vasto mundo, sino mucho más cerca, incluso dentro de la iglesia que amamos. Alguien me dijo recientemente: «¡Ya no soporto un titular más sobre mala conducta del clero o encubrimiento por parte de un obispo!».
La iglesia primitiva conservó esta parábola, y Mateo la registró, porque también se hacían las mismas preguntas que nosotros y los siervos de la parábola: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde ha salido la cizaña?». Y la pregunta que subyace a su pregunta es también la nuestra: «¿Triunfará el bien o el mal? ¿Quién ganará?». La parábola no ofrece una respuesta fácil, no nos lo explica todo... por qué existe el mal... por qué las cosas buenas se corrompen... por qué los niños se desvían del buen camino... por qué sufren las buenas personas, etc. Pero sí reconoce el problema: el bien y el mal coexisten, muy cerca el uno del otro, muy cerca de nuestras vidas, y se enfrascan en una lucha por la victoria final.
Las malas hierbas parecen invadirlo todo, incluso el paisaje de nuestro propio campo espiritual. Sin duda, hay momentos en que debemos tomar decisiones sobre lo que está bien y lo que está mal. Intentamos mantener ciertos estándares, especialmente para nuestros hijos. Pero esta parábola, dirigida a nuestra iglesia y a nuestra vida personal —donde, en nuestro fervor, nos apresuramos a juzgar y actuar, a arrancar y desechar— sugiere que aún no contamos con todas las pruebas. La parábola también sugiere que, en algunos casos, aunque estemos bastante seguros, puede que no estemos en posición de emitir un juicio definitivo. El dueño, después de todo, introduce una nota de cautela y una súplica de paciencia. En efecto, está diciendo: «En realidad no sabes lo suficiente. No tienes fundamentos para juzgar. Aún no contamos con todas las pruebas».
Jesús, el narrador de la parábola, lo sabía por experiencia propia. Eligió siervos para la obra de Dios que, a juzgar por las primeras señales, no resultaron como se esperaba. Judas, el administrador de la bolsa, un hombre influyente, mostró señales prometedoras desde el principio. ¿Y qué decir de los fracasos de Pedro, de Tomás el incrédulo y de los demás hombres y mujeres que seguían dando respuestas erróneas a las preguntas de Jesús? Estos últimos mostraron pocas señales al principio, pero Jesús les dio la oportunidad de crecer y dar una abundante cosecha. «Nunca se sabe».
La parábola de hoy es alentadora para todos nosotros. Es una historia de gracia, paciencia y esperanza. ¿Acaso no nos alegramos, quienes a menudo recordamos nuestros errores, de haber tenido tiempo para cambiar y enmendarlos? ¿No estamos agradecidos por la oportunidad y la ayuda que Dios nos dio para resolver las cosas? Lo que antes era una mala hierba, estábamos seguros, se convirtió en trigo. ¿Qué habría pasado si nos hubieran juzgado en aquel entonces? Hoy, al observar nuestra situación actual, aún podemos detectar malas hierbas en nosotros mismos y en los demás; estamos seguros. En lugar de dejarnos vencer por el desánimo, la parábola propone una nota de esperanza. Después de todo, se ha sembrado buena semilla en nosotros y está creciendo. La carga de la lucha no es solo nuestra. Confiamos en el dueño, que sabe lo que sucede, para que nos ayude a resolver las cosas. Todo esto se resume en una palabra familiar, pero a menudo subestimada: Gracia.
Aunque nos sintamos desanimados por todo lo que aún queda por hacer y por las preguntas que nos asaltan («¿Quién va ganando?»), la parábola nos infunde confianza. Dios tiene el control. Dios no es indiferente a nuestra lucha. Dios sabe lo que aún queda por hacer. Dios nos guía en nuestra lucha por lograr el bien. Así pues, reviviremos la parábola en nuestra imaginación, especialmente cuando las cosas a nuestro alrededor nos desanimen y nos desalienten. Miraremos el panorama y creeremos saber lo que hay que hacer. Pero escucharemos esta parábola y la voz que nos dice: «No tan rápido. Nunca se sabe».
Haz clic aquí para acceder al enlace con las lecturas de este domingo:
https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/071926.cfm
P. Jude Siciliano OP <FrJude@JudeOP.org>
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