|
Palabras para Domingo |
Por
favor apoye la misión de |
|
• |
|
Enlaces rápidos:
• |
XVII DOMINGO ORDINARIO
(I Reyes 3:5-13;
Romanos 8:28-30;
Mateo 13:44-46)
Tres escenarios de infortunio. Primero, tu esposo ha accidentado. Lo ha dejado herido y el único coche de la casa destruido. Sientes profundamente angustiado. Segundo escenario, tu esposa tiene Alzheimer. La has puesto en un asilo. La facilidad es de alta calidad, pero a ella no le gusta. Cada vez que la visita, llora pidiendo que la regreses a casa. Es tan triste la situación que no ya no quieres ir a verla. Tercer escenario, tu hijo mayor se ha hecho rebelde. Por mucho tiempo ha dejado asistir en la misa dominical con la familia y recientemente ha dejado el colegio. Pero lo que te has hecho tremendamente preocupado es que ayer encontraste una pistola en su recamara.
Estos casos no son tan raros que no puedan pasar a cualquier de nosotros. Nos causarían revisar la vida para ver si hemos hecho alguna cosa para merecer tal situación deprimente. Además, comenzamos a dudar la existencia a Dios o, por lo menos, su bondad. Realmente, no sabemos que pensar y mucho menos que hacer.
Entonces recordamos la historia de la conversión de San Agustín. Un día cuando caminaba en su jardín reflexionando sobre su vida desordenada, oyó la voz de un niño. Le dijo, “Toma y lee”. Agustín encontró su Biblia, la abrió y topó la página de la Carta a los Romanos que dice, “… basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias. Por el contrario, revístanse del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la carne (Rom 13,13-14). La experiencia confirmó su decisión de hacerse cristiano.
En nuestros predicamentos sería oportuno recordar otro versículo de la misma Carta a los Romanos. Se encuentra en la segunda lectura de la misa hoy. Dice: “… todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él según su designio salvador” (8,28). Las palabras disipan nuestra ansiedad. Sabemos que podemos manejar la situación difícil porque Dios está con nosotros. Su presencia nos hace confiados que nada puede superarnos mientras nos apoya. Todo estará “bien”. Ahora sabemos lo que Jesús quiere decir en el evangelio cuando habla del “Reino de Dios”. Dice que vale más que la perla más fina porque nos asegura del amor de Dios para siempre. Al mantener una amistad con Dios, podemos enfrentar cualquiera dificultad con la calma. Pues, ¿quién puede arrebatarnos de sus manos?
Hay varios versículos bíblicos que no solo nos llaman la atención sino también la memoria. Uno es Juan 3,16: “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”. Otro es de los mandamientos de Jesús de amor: “’… tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo (mandamiento) es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo’” (Marcos 12,29-31). Romanos 8,28 es otro versículo que nunca debemos olvidar: “… todo contribuye para bien de los que aman a Dios …”
Carmen Mele OP <cmeleop@yahoo.com>
"Sr. Kathleen Maire OSF" <KathleenEMaire@gmail.com>
(Las últimas siempre aparecen primero).
•
•
•
•
•
•
•