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XIV Domingo Ordinario (A)

07.05.2026

Zacarías 9: 9-10;
Romanos 8: 9, 11-13;
Mateo 1 25-30

 

Las palabras hermosas de Jesús en el Evangelio de hoy parecen perfectas para el principio de julio cuando la mayoría de nosotros estamos anticipando un tiempo de descanso.  A la misma vez, las lecturas de hoy nos podrían llevar a pensar que nos encontramos entre los que están fatigados y agobiados por la carga, y preguntarnos lo que podemos hacer para aliviar su carga.  

 

Este es un buen mensaje para nuestro tiempo del año.  Ojala que estos días de verano sean un tiempo de paz y tranquilidad.  Ojalá que podamos respirar más profundamente y crear un espacio para entrar en la contemplación de la bondad de Dios. Es una oportunidad para descubrir de nuevo que Dios es un Padre que nos ama profundamente. 

 

Cuando escuchamos el Evangelio de San Mateo, descubrimos que Jesús rezaba estas palabras después de fracasar en una serie de ciudades de Galilea.  El había hecho muchos milagros, pero la gente no respondió bien.  Los corazones de esta gente permanecieron duros.  Pero en vez de sentirse desanimado, Jesús se reúne con los suyos y emite una acción de gracias: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla!”

 

Jesús da gracias que se encuentra otra vez entre gente sencilla, entre los que no tienen doblez, los de corazón humilde, y los que no desean complicar las cosas.  El se alegra de estar entre los que son abiertos, los limpios de corazón, los pobres, y los disponibles.  Esta es la gente capaz de acoger el mensaje de Jesús.  Es la gente que entiende que le faltan muchas cosas, que no tienen todas las respuestas, que no se llenan de si mismo y encierren con su dinero, su inteligencia, con sus buenas calidades.  Es la gente humilde, abierta a escuchar algo nuevo.

 

Jesús se dirige a esta gente con su invitación, “Vengan a mi, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré”.  Jesús no les promete que puede cambiar las circunstancias de su vida, ni que puede resolver sus penas.  Pero si, les promete que los va a acompañar, que va a estar a su lado y les va a ofrecer descanso.  El no viene como jefe poderoso ni exigente.  Jesús nos quiere acompañar, se nos presenta como alguien manso y humilde de corazón.  No hay que tener miedo.  Jesús no es juez, es el mejor compañero de la vida.

 

Que buena noticia.  No caminamos solos.  A veces nos parece que nadie puede entender nuestros problemas de la vida.  De la misma, parece que nuestros seres queridos no comprenden el nivel de nuestro dolor, la profundidad de nuestra tristeza, ni el vacío de nuestro corazón.    Pero Jesús, si.  Tenemos sus palabras, “Vengan a mi todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré.  Desde nuestro trabajo, desde la lucha de cada día, desde el esfuerzo constante, tenemos la certeza de que el Señor nos acompaña.” 

 

El único yugo que debemos tomar es la carga del amor.  Esta carga nos compromete a compartir con los demás.  Pero también nos regala una energía inmensa, una esperanza que no se acaba y una confianza que nos deja feliz en lo más profundo del corazón.   Seria bueno que tomen un momento durante esta semana para meditar estas palabras de Jesús y dejar entrar en su corazón su sentido tan profundo.


"Sr. Kathleen Maire OSF" <KathleenEMaire@gmail.com>


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